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Sakaguchi Ango

Sakaguchi Ango

Sakaguchi Ango, duodécimo de trece hermanos, nace el 20 de octubre de 1906 en el seno de una acomodada familia de Niigata. Su infancia triste y solitaria da paso a una adolescencia irreverente y rebelde. En 1922, tras agredir a uno de sus profesores, su padre lo envía a estudiar a Tokio. En la capital, Ango entra en contacto con la efervescente vida cultural y comienza a interesarse por la literatura. En 1925 consigue un puesto de profesor suplente en las afueras de la ciudad, pero pronto lo abandona para matricularse en la Universidad Tōyō en 1926, donde estudia Filosofía India. Empeñado en alcanzar la iluminación, Ango se impone una estricta rutina de estudio y meditación que finalmente lo conduce a un estado de agotamiento mental. Se recupera estudiando lenguas: sánscrito, pali, tibetano, francés y latín y se matricula en el Ateneo Francés de Tokio, donde destaca como excelente estudiante y consolida su pasión por la literatura. En 1928 comienza a publicar sus inconfundibles relatos: mezcla de elementos grotescos e irracionales con el terror y la caricatura. En 1932 conoce la escritora Yada Tsuseko, de quien se enamora platónicamente y con la cual vive una ambigua y tóxica relación que plasma en su primera gran obra, Fubuki monogatari (1938), una novela ambiciosa, oscura y compleja que no obtuvo el éxito esperado. Durante los años finales de la guerra, sus ensayos inconformistas y lúcidamente provocadores (Sobre la decadencia y Más sobre la decadencia), que cuestionan la tradición y el «espíritu» japonés, desatan una oleada de entusiasmo y lo sitúan entre los autores más representativos y originales de posguerra. Este éxito se extiende rápidamente a sus relatos y cuentos, caracterizados por una concepción pesimista y nihilista de la existencia. Abierta la puerta del éxito, Ango se obliga a escribir a un ritmo incesante: ensayos, novelas policíacas, relatos fantásticos e históricos. El abuso de los somníferos y el alcohol van mermando su salud, pero no su talento. Continúa escribiendo sin tregua hasta que, el 17 de febrero de 1955, muere a los cuarenta y nueve años víctima de un derrame cerebral.